LA DANZA DE LOS OTROS



Por Bernardo Orellana
Para iniciar la lectura de este libro fue necesario pensar en la idea de acercarse y alejarse. Pensaba en que debía acercarme a cada una de las premisas con que Hilda Islas presenta reconstrucción, archivo, historias, entre otras. Y la idea de alejarse tenía que ver con mi propia experiencia colaborando con ella y reordenando mis pensamientos para sacar un significado propio de esta propuesta.
Hace un tiempo me encontré con las ideas de Hilda y me pregunté: ¿Qué sacamos o pretendemos al hacer reconstrucciones? Y ahí me vi enfrentado a mi necesidad como bailarín de hacer cosas nuevas, de llevar a mi cuerpo algo que solo me perteneciera, pero mi impulso no era real. Vengo de una escuela tradicional, con un lenguaje muy estructurado, con danzas muy concretas que, finalmente, definieron mi carácter y mi forma de moverme. Al observar esta última premisa fue cuando entendí mi manera de relacionarme con estas propuestas, con esa locura que me invitaba no solo a moverme re-ejecutando las danzas, también invitaba a reflexionar sobre el por qué de su existencia.
Entonces haré el primer ejercicio que es alejarme, y lo hago al revés, pues me veo muy cercano a esta investigación y quiero-como dije antes-encontrar un sentido propio a este texto. Primero debo pensar en la importancia de entender las lógicas de la tradición en la danza, sobre todo hoy, cuando tanto se necesita un carácter e identidad para la escena, no pensando en la supuesta crisis del arte o la danza en sí misma, sino más bien porque el mundo está viviendo cambios que no permiten construir un sentido histórico, ya que el sistema nos ha empujado a vivir lo instantáneo como parte de un juego donde la eficacia se acerca cada vez más a lo desechable, entonces me vuelvo a preguntar: ¿Qué pasa con la tradición? ¿No es acaso un espacio de construcción identitaria, o tendría que pensar que la danza, al verla en las lógicas de hoy, no solo es desechable sino que desecha también los cuerpos?
Hilda presenta hoy un libro donde se cuestiona la idea de reconstrucción, justamente como la idea de construcción de sentido de la historia a través de la acción, y creo ese es uno de los puntos importantes a tratar si pensamos en las necesidades formativas de futuros bailarines, coreógrafos o investigadores de la danza, porque para poder construir una realidad en cualquiera de esos espacios, deberíamos ser conscientes de los sucesos que han construido “el estar hoy accionando” a cada uno de nosotros.
La autora reconoce que hay otras maneras de ver la historia, una historia viva que, según sus propias palabras, “tiene que ver con este giro contemporáneo tanto del saber histórico como de las nuevas apuestas artísticas, e incluso de la vida social, más consciente por parte de la sociedad civil, que asume de manera activa, corporal, su propia memoria”.
Creo por lo tanto que este juego nos presenta las maneras en que se pueden resignificar muchos cuestionamientos como los que presentaba al inicio. Entonces la pregunta sobre la importancia que puede tener una reconstrucción deja de ser una problemática y se transforma en un motor de conciencia y una invitación de ejercicio a la memoria. Entonces es ahí cuando aparece la necesidad de compartir lecturas como la que hoy se presenta, donde reafirmamos la idea del cuerpo desde la construcción de conocimientos, la construcción de herramientas investigativas artísticas, en fin, la construcción de vida.
Para concluir, haré el ejercicio de acercarme y lo haré de manera sucinta. Creo es vital reconocer el aporte que Hilda Islas hace con lo que ella misma llama sus juegos, porque el valor de sus textos va más allá de la teoría que tan generosamente nos entrega. Va directamente a reflejar quiénes somos y por qué estamos en esta locura que es la danza.
*El libro fue editado por la Secretaría de Cultura del Instituto Nacional de Bellas Artes.
* Tomado de laventana.casa.cult.cu